Colapsología y los indicios de un declive planetario

Actualizado: oct 21

Por Alejandro Balentine

Revisión y correcciones Alan Suarez


En este artículo presentamos el libro Colapsología de Pablo Servigne y Raphaël Stevens, publicado en español en septiembre de 2020 por Arpa Editores, y traducido desde el francés (título original: Comment tout peut s’effondrer, best seller en Francia). Como colectivo Colapsología América Latina, apoyamos en la revisión del texto de esta publicación, y nos complace que este texto fundamental dentro del análisis de la colapsología, pueda estar ahora al alcance de muchas personas de habla hispana.

Imagen: Alan É. Suárez

Desde su primera publicación —en francés— en el año 2015, el libro Colapsología logró mover el piso de miles de lectores y lectoras francófonos. Sin embargo, sería tres años después que ocurriría un aumento espectacular de la difusión y el debate público alrededor de este concepto desarrollado por Pablo Servigne y Raphaël Stevens. En 2018, se produjo una toma de conciencia colectiva sobre la urgencia actual en la que nos encontramos. En Europa —y particularmente en Francia—, varios sucesos actuaron como efecto multiplicador: las altas temperaturas registradas durante el verano del 2018, la renuncia del ministro de Ambiente francés Nicolas Hulot —durante el mismo inusual verano—; en el resto del mundo: las inundaciones crecientes, las temperaturas polares que llegaron al norte de los Estados Unidos —desestabilización del vortex polar—, la fragilidad del sistema financiero global, la contaminación del aire y de los océanos, el blanqueamiento de los arrecifes de coral australianos. Todas éstas y otras señales fuertes han hecho despertar la conciencia de miles de ciudadanos en todo el mundo: jóvenes activistas salen a las calles de las principales ciudades europeas y del mundo para manifestarse contra el cambio climático —y sobre todo contra la inacción gubernamental y ciudadana, con conocimiento de causa— que amenaza el futuro de las generaciones presentes y futuras. El informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos Sobre el Cambio Climático) de finales de 2018, no hace sino reforzar la pertinencia de los análisis de Pablo y de Raphaël sobre los riesgos en materia de cambio climático.


Lo autores de Colapsología son los precursores del concepto de «colapsología», que es explicado como el «ejercicio transdisciplinario del estudio del colapso [effondrement, en francés] de nuestra civilización industrial [que se ha implantado de manera global], y de lo que podría sustituirla, basándose en los dos modelos cognitivos, que son la razón y la intuición, y apoyándose en trabajos científicos reconocidos».

A través de un enfoque transdisciplinario —recurriendo a la economía, la climatología, la biología, las ciencias sociales, la psicología, etc.—, y apoyándose en más de 400 citaciones y referencias —artículos científicos, libros, informes institucionales, etc.—, los autores analizan las crisis por las que atraviesa nuestra civilización y el sistema Tierra en su totalidad, dando mayor claridad a la era del Antropoceno y mayor visibilidad al debate alrededor de ese concepto.

Con un ritmo fluido y una prosa potente —y de fácil comprensión para lectores no especializados—, este texto en forma de ensayo explica de una manera bien documentada los diferentes mecanismos que constituyen la posibilidad del colapso sistémico global:

  • El pico del petróleo y su inevitable declive: «la Agencia Internacional de Energía [...], asegura que en el 2006 hemos alcanzado el pico mundial de petróleo convencional, que representa el 80% de la producción». Mantener el consumo actual implicaría, no sólo un aumento desmesurado de costos económicos y técnicos, sino también el incremento de los perjuicios climáticos y ecológicos, que son cada vez más dramáticos. ¿Cómo escoger entre escasez y catástrofe climática y ambiental?

  • La encrucijada de la energía implica consecuencias sobre el sistema de producción industrial globalizado, que se retroalimenta con la inestabilidad de la economía mundial. ¿Vamos hacia un derrumbe sin precedentes de la economía global?

  • El aumento de los conflictos sociales y de la desigualdad generalizada, lo que va de la mano con la perpetuación de los modelos de crecimiento exponencial y la marcha forzada del capitalismo global como única posibilidad de existencia de los países.

  • La devastación y el consumo desmesurado de recursos —suelos cultivables, bosques, fuentes de agua, metales, etc.—, de los cuales dependen nuestras sociedades y el equilibrio de los ecosistemas.

  • El nivel alarmante de desestabilización climática y el colapso de la biodiversidad, que tienen consecuencias catastróficas, no sólo sobre el equilibrio y la vida de ecosistemas marinos y terrestres, sino también sobre las sociedades humanas, y que pueden llevar incluso a cuestionar la supervivencia de nuestra especie.



Este análisis no pretende saberlo todo sobre el colapso, pues esta tarea se hace imposible en vista de los límites actuales de la ciencia para asegurar con certeza cuál será el elemento detonante de un efecto cascada irreversible. No obstante, desde la década de 1970 varios modelos computacionales predictivos —como el World3, usado para la creación del informe Los límites del crecimiento— han venido indicando reiteradamente la posibilidad de que se despliegue un colapso sistémico global en la primera mitad del siglo XXI. Además de esto, los avances científicos que permiten revaluar dichos modelos y producir otros con mayor precisión, corroboran la trayectoria hacia el colapso, e incluso señalan una aceleración de las dinámicas que llevan a ese escenario —contaminación, desigualdades, depredación de recursos, pérdida de la biodiversidad, crisis financieras, producción industrial, etc.—. Por otro lado, una de las características de los sistemas complejos y de nuestras sociedades globalizadas, es el alto grado de interconexión (interdependencia), el cual produce entre otras cosas un bloqueo del sistema —imposibilidad de parar el crecimiento y la producción sin que el mismo sistema se derrumbe— y una baja capacidad a resistir choques, es decir, una baja resiliencia.


Así pues, pasados ciertos límites, la estabilidad de esos sistemas complejos pasa a otro estado. El problema es que no conocemos todos los elementos constitutivos de ese otro estado; no sabemos qué se esconde detrás de un cambio abrupto del sistema Tierra, acompañado de un colapso generalizado de la civilización. Sin embargo, cabe la posibilidad de preguntarse si, entre más rápido se despliegue este proceso, más posibilidades hay de que pueda perdurar la vida humana y la vida en general en el planeta.


Este libro pone las bases para afrontar el colapso con lucidez y poder imaginar y crear la transformación —¿o el desmantelamiento?— de la civilización termo-industrial. Sin embargo, ante la posibilidad del colapso, tanto los autores como el lector se ven expuestos a una perturbación desde el punto de vista psicológico del que difícilmente se sale indemne. Para muchos lectores, este libro tiene la fuerza de provocar un sacudón, que puede resultar duradero, pero con el alcance suficiente para atravesar el proceso de toma de conciencia y provocar la acción —y eventualmente una postura radical—, buscada a partir de un entendimiento de las raíces del problema.


Colapsología es una lectura esclarecedora que ofrece un panorama lleno de lucidez y estupor simultáneos. Se abre la puerta entonces a un sinnúmero de posibilidades para hacer frente a este horizonte. Lo cierto es que la lectura de este libro, para aquéllos que den el salto, no pasará desapercibida.


Pertinencia de la publicación en español del libro Colapsología



En la recta final del 2020, y atravesando aún las consecuencias de la pandemia causada por el rápido avance del coronavirus, es difícil dar la espalda a las alarmas en materia de urgencia climática, sexta extinción masiva de especies, aumento de las tensiones globales entre países y pueblos y crisis socioeconómica generalizada. Los riesgos sistémicos analizados en el libro incluyen todos los territorios del planeta; en otras palabras, la posibilidad de un colapso engloba todos los rincones de la Tierra. Sin embargo, el colapso no se constituye de manera homogénea en todos lados, ya que lo más probable es que las poblaciones más vulnerables sufran las consecuencias de las catástrofes venideras de una manera más prematura y más violenta, lo cual no quiere decir que los países más industrializados y que se autoproclaman «desarrollados» vayan a encontrarse a salvo.


La pertinencia de la publicación de este libro radica en que todos los países hispanohablantes están implicados en este análisis (América Latina y España). De hecho, en lo que concierne a América Latina ya podemos observar algunos vientos de colapso; los ejemplos se multiplican cada vez más. Desde el punto de vista de las sociedades, los Estados vacilan cada vez más a la hora de mantener una estabilidad en su sistema político y económico. Tal vez el caso de Venezuela pueda ser una ventana ante el colapso de un Estado, donde la desestabilización del sistema —desde el interior, pero también orquestada desde el exterior— ya ha producido la ruptura de las cadenas de aprovisionamiento, desestabilización social y política, y la imposibilidad de responder a los choques externos. El ejemplo de Venezuela puede analizarse desde varios enfoques, y quizás el interés internacional por el petróleo sea uno de los ángulos de comprensión, sobre todo teniendo en cuenta el problema del pico del petróleo y la dificultad global creciente para extraerlo y transportarlo. Puede ser que los venezolanos estén viviendo de manera anticipada el desmoronamiento de su sistema político y económico, y puede ser que el caso de este país sea un presagio de las crisis globales que se avecinan.


Por otro lado, en lo relativo al conjunto de países latinoamericanos, las crisis económicas, políticas y sociales se aceleran de manera flagrante —desigualdades en aumento, violencias sociales, implantación de regímenes autoritarios, etc—. La destrucción de los territorios con mayor biodiversidad en el mundo en la cuenca amazónica —aumento de la deforestación y despojo de comunidades— da cuenta de la aceleración de la depredación de los recursos. La búsqueda de una implementación con urgencia extrema —como por ejemplo en Colombia, con la práctica del fracking—, indica no solamente el agotamiento de la producción de petróleo convencional, sino también un alto riesgo ambiental con consecuencias catastróficas para las fuentes de agua, la biodiversidad, los suelos de vocación agrícola, etc. Las poblaciones de estos países, que intentan copiar el modelo socioeconómico occidental —a través de la industrialización—, se encuentran atrapadas por las dinámicas de aceleración de la globalización.


Sin embargo, las desigualdades marcan diferentes grados de exposición a los choques —ya sea climáticos, económicos o sociopolíticos—. Es decir, las poblaciones más vulnerables son susceptibles de sufrir en primera instancia las consecuencias del advenimiento de un posible colapso. Esto no quiere decir que las poblaciones urbanas más acaudaladas están a salvo. Por el contrario, las tensiones sociales, la fragilidad de los sistemas de abastecimiento y de la economía —entre otros factores—, conllevan a que sea el conjunto del cuerpo social el que se encuentre en riesgo de colapso, así como los diferentes ecosistemas de los que éste depende, y cuyas consecuencias quizás aún no logremos identificar. Esto implica la perturbación de equilibrios esenciales para la vida humana y no humana.


El texto de Pablo Servigne y Raphaël Stevens permite identificar los componentes del colapso de dicha civilización —esencialmente occidental e industrial— y abre el camino para comprender las crisis sistémicas globales a partir de las realidades de otros continentes.


Esto concierne tanto a los lectores de habla hispana como a todos los habitantes del planeta, que de una u otra forma están implicados en el porvenir de la especie humana y de los ecosistemas vivos que componen el sistema Tierra. Sin embargo, la intuición que se vislumbra en este libro no pretende atropellar la moral del lector; por el contrario, deja abierta la puerta a nuevos posibles, pero sobre todo a la necesidad de comenzar a crear dinámicas de resiliencia y de transformación. Por último, este libro puede servir de motivación para el despliegue de la colapsología en español, y que toda la diversidad de los mundos hispanohablantes pueda contribuir a profundizar estas reflexiones.