¡Hay que politizar la cuestión!

Artículo de Pablo Servigne, para la revista francesa Yggdrasil, número 2.

(Al final, un pequeño glosario sobre los términos principales del artículo)


Muchos se impacientan; y con razón, porque el tiempo apremia y las acciones políticas gubernamentales están resultando ridículamente inertes o contraproducentes ante los desafíos; las protestas por el clima son victorias mediáticas... pero derrotas políticas; los Chalecos Amarillos lograron mover las líneas muy ligeramente (¡y a qué precio!), pero nadie logra tomar el relevo; y todo el mundo está harto del pequeño colibrí que se activa en vano.


Bueno, y entonces, ¿por qué no hemos politizado la cuestión del colapso desde un principio?

«Todo el mundo empieza a pelear cuando se intenta discutir sobre: 1) las causas de las catástrofes, y 2) las acciones políticas que se pueden poner en marcha para remediarlas».

En 2015 —con Raphaël Stevens, en el libro Cómo todo puede colapsar—, presentamos una síntesis de las conclusiones catastróficas, de los hechos. Profundizamos la hipótesis de un colapso sistémico y nos encontramos con un continente por explorar: ciencia, observación, razón, colapsología. Era importante quedarnos el mayor tiempo posible dentro de los resultados, para que al menos pudiéramos ponernos de acuerdo sobre ese punto; porque —como ya lo habrán notado— todo el mundo empieza a pelear cuando se intenta discutir sobre: 1) las causas de las catástrofes, y 2) las acciones políticas que se pueden poner en marcha para remediarlas.


Así pues, nuestro artículo sobre la política del colapso resultó bastante corto; por un lado, porque había demasiado que decir para encajarlo en 10 páginas; y por otro lado, porque queríamos únicamente lanzar un proyecto futuro, y con la posibilidad de que cada uno pudiera apropiarse o no de él... En resumen, proponer en el libro algunas ideas políticas habría sido estratégicamente prematuro.


Salvo que, desde entonces, la conclusión ha sido aceptada por muchas personas, lo cual es mucho mejor aún. Pero sólo hemos tenido tiempo de profundizar otros dos proyectos, apenas abiertos en 2015, y que nos parecían condiciones previas a la de la política: renunciar al mito de la competencia (con el libro La ayuda mutua: la otra ley de la selva, 2017), y explorar el camino interior (psicología, imaginario, emociones, espiritualidad, etc., con el libro Otro fin del mundo es posible, 2018), lo cual abrió el camino de la colapsosofía (pensar y sentir el colapso de una manera no-científica).


Este último ejercicio fue considerado —equivocadamente— por una parte del público como una despolitización de la cuestión, ¡cuando en realidad es eminentemente política! Revisar nuestra relación con el mundo (con nosotros mismos) es la base de la organización colectiva; es incluso el crisol de la política. No es en absoluto un «retorno a la esfera individual», como leemos aquí o allá. La renuncia está en dejar la espiritualidad a los comerciantes, ¡para que hagan con ella un «desarrollo personal» a su antojo! Pero en Francia, lo espiritual es complicado... Hay que admitirlo.


Antes de abordar la cuestión política, es interesante apreciar que, lo que originalmente era sólo un pensamiento científico sobre un posible colapso (la colapsología), ha generado otras dos formas en los últimos meses. En primer lugar, un «posible colapso» se ha convertido en «el colapso». Con este desfase, una idea se ha transformado en una poderosa narrativa, que obliga a la gente a posicionarse, a cambiar sus puntos de vista, a imaginar, a proyectarse. En segundo lugar, el pensamiento científico de un «posible colapso» ha alimentado en algunos (incluido yo mismo) la intuición de que un colapso futuro era más bien una certeza. Pero esto sólo puede ser una intuición, porque no tenemos los medios para estar seguros. Lo único es que esta certeza se ha convertido en un marco de referencia que ha coloreado nuestra visión del mundo; un sistema coherente de ideas. Esto se llama una ideología (sin connotaciones peyorativas).


Para mayor claridad, y para diferenciarla de la colapsología, podríamos llamarla «colapsismo», y habría que definir sus corrientes con precisión (¿hay voluntarios?). Por último, hay que recordar que las personas que están en la narrativa del colapso —con mayor o menor ideología y reflexiones más o menos espirituales—, y que se han puesto a actuar en consecuencia con estas ideas, se llaman «colapsonautas».


Bueno, ya ha llegado el momento para nosotros de sumergirnos en este proyecto político y de abrirlo a otros compañeros de viaje (porque, ¿quiénes somos nosotros para decirle a la gente lo que tiene que hacer?). Todo esto lleva mucho tiempo, a diferencia de las noticias, que nos llegan por sorpresa. Afortunadamente, otros no esperaron a que nosotros lo hiciéramos: en los últimos meses se han publicado varios libros (y pronto aparecerán otros) sobre propuestas políticas que toman en serio la cuestión de un posible colapso sistémico. Las diferentes opiniones y propuestas, son contradictorias; ¡pero eso es más bien algo positivo! Es incluso la esencia misma de la política. Podemos tener una idea más precisa de estas divergencias en la página siguiente, con un pequeño ejercicio práctico.

«Lo que me interesa como investigador (de colapsología) no es decirle a la gente lo que tiene que hacer, sino entender lo que está en juego y proponer recursos políticos conceptuales, para que cada uno adopte estos temas y asuma sus responsabilidades».

¿Se han dado cuenta de que son básicamente la narrativa y la ideología (el colapsismo) los que se comentan ampliamente en los medios? El desorden ideológico causado por la cuestión ecológica tiene una explicación: estamos siendo testigos del surgimiento de un nuevo eje de lectura del mundo (al menos en la imaginación popular francófona); un eje algo sobrevalorado que saca de quicio a nuestra sociedad, y que irresistiblemente nos invita a posicionarnos. Se trata del eje Transhumanista Colapsista, basado en los dos mitos del progreso infinito y del apocalipsis. No hay fin del mundo Fin del mundo. Es simplista, pero así es. Hay que lidiar con eso, pero sin dejarnos limitar; especialmente porque este eje recuerda vagamente aquél (mucho más interesante) que Bruno Latour presentó en ¿Dónde aterrizar? (2017), entre los extremos modernos (y que Delphine Batho llama los destructores) y los terrestres. Pero mejor dejemos esta apasionante pregunta para otro momento.


Volvamos a la política que todo el mundo conoce. Derecha Izquierda. ¿De acuerdo? Tengo la impresión de que no es realmente muy claro para todo el mundo... pero que todo el mundo finge que sí lo es. Bueno, consideremos por simplificación (tendremos tiempo para discutirlo) que se trata en primer lugar del eje siguiente: Competencia-desigualdad-y-ley-del-más-fuerte Cooperación-igualdad-y-comunidad. Derecha Izquierda. ¿Me hago entender?

«DerechaIzquierda. ¿De acuerdo? Tengo la impresión de que no es realmente muy claro para todo el mundo... pero que todo el mundo finge que sí lo es».

No del todo, ¿verdad? ¿Meterían ustedes a los anarquistas y a los soviéticos en el mismo costal? ¿Y a la extrema derecha en el mismo que a los libertarios? Bueno, entonces creemos un nuevo eje vertical que nos permita ver un poco más claro: Autoritario Libertario; o algo más preciso, del tipo Autoritario-jerarquía-piramidal-gran-escala Libertario-autogestionario-pequeña-escala. Ahora sí podemos entretenernos posicionando las principales ideologías del siglo XX (ver gráfico) ¡Cuántos pocos centímetros de distancia en una hoja sirven para representar guerras tan importantes.


Y ahora, si añadimos en tercera dimensión el eje Transhumanismo Colapsismo, obtenemos ocho sectores en el espacio. Personalmente, me sitúo en el sector Anarquismo-colapsismo. Es decir, creo que necesitamos más ayuda mutua, una estructura más horizontal, y creo que nuestro mundo pronto colapsará (espero que así sea para nuestra civilización, pero no para la biósfera). En pocas palabras, me sitúo en el opuesto exacto del Capitalismo-transhumanismo, que se basa en las grandes estructuras piramidales, en la competencia y en un progreso infinito que ni siquiera nos permite considerar una finitud.


Entonces, éste es el juego: le decimos a cada sector/ideología que ha echado el mundo a perder (en general, se considera que es el otro sector el que arruina todo) y que corremos el riesgo de caer muertos si no cambiamos... Y luego, nos limitamos a observar. ¿Qué creen ustedes que pueda pasar?


Sabiendo que incluso las personas del mismo sector se destrozan unos a otros (por tonterías extraordinariamente vitales, ¿verdad?), la pregunta que me hago (y les pediría que la trataran en dos páginas máximo en el próximo número) es la siguiente: pensando en una organización rápida, global y radical de preparación ante una emergencia, ¿qué actitud adoptarían ustedes hacia las personas que se sienten cómodas en los otros siete sectores?


Ahí está, una pequeña pregunta, así sin más...



Glosario básico y totalmente parcial


Libertarianismo: Ausencia de Estado y dinámica del «sálvese quien pueda» (los más fuertes y los más ricos ganan, sin preocuparse por los demás). Ideal de libertad únicamente.

Capitalismo: Propiedad privada de los medios de producción, competencia erigida en ideología, fuertes desigualdades y jerarquías. Necesita de Estados fuertes, de lo contrario se autodestruye. Ideal de libertad y jerarquía, sin igualdad.

Fascismo y autoritarismo: Estados fuertes con una mezcla de capitalismo industrial, fuertes jerarquías sociales (élites dirigentes), socialismo (para la gente elegida) y depredación (del resto de la población). Ideal de jerarquía, sin libertad ni igualdad.

Socialismo: Capitalismo de Estado, con un capitalismo y un estatismo blandos. Ideal de no tener un ideal ;)

Comunismo: Estados fuertes con una jerarquía fuerte (élite), pero con igualitarismo y cooperación pasionales dentro de la «población». A veces hay cooperación con otros Estados fuertes (internacionalismo). Ideal de igualdad y jerarquía, sin libertad.

Anarquismo: Ausencia de Estado. Es la organización más horizontal posible (y muy compleja), con la menor jerarquía y dominación posibles, como una federación de municipios libres y autogestionados. Ideales combinados de orden sin jerarquía, libertad e igualdad.