La ciencia del suelo más allá de la COVID-19

Rattan Lal

Rattan Lal es un distinguido profesor universitario de la ciencia del suelo y es el director del Centro de Gestión y Secuestro de Carbono, La Universidad Estatal de Ohio, Columbus, Ohio.

Traducción del articulo publicado en abril de 2020 por la Soil and Water Conservation Society en el Journal of Soil and Water Conservation, DOI: 10.2489/jswc.2020.0408A.

Traducción: Franco Obando-Moncayo, científico de suelos, Ph.D, Centro de Estudios Ambientales, CIAM, Unimeta, Villavicencio, Colombia


El rápido movimiento de la enfermedad pandémica de coronavirus 2019 (COVID- 19) envolvió al mundo en cuatro meses, de diciembre a marzo de 2020, con impactos a largo plazo en los programas social, económico, político, educativo y científico. Exacerbó los riesgos de inseguridad alimentaria y nutricional para un gran segmento de la sociedad, y la amenaza de disrupción en la cadena de suministro de alimentos podría verse agravada por el cambio climático, la degradación del suelo, y el síndrome de inundación/sequía. Asegurar el acceso adecuado a alimentos nutritivos es un desafío desalentador incluso en países desarrollados /científicamente avanzados, y es una absoluta tragedia en las naciones pobres.

El colapso repentino causado por la COVID-19 revela la vulnerabilidad de la humanidad incluso a un enemigo microscópico. Cruel como puede parecer, la COVID-19 ha logrado lo que la COP21 (Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 2015) y otras iniciativas no pudieron. Los niveles atmosféricos de dióxido de carbono (CO2) no han aumentado durante marzo y abril de 2020 (Storrow 2020; Flis 2020) debido al cierre de la industria y las restricciones a los viajes. Incluso un mes de aislamiento ha hecho potable el agua del río Ganges, el aire en ciudades como Nueva Delhi y Beijing más puro, y los cielos más azules que los vistos en décadas (Biswas 2020). Históricamente, existe también una fuerte evidencia de que una despoblación humana significativa (es decir, ~ 10 millones) puede crear un efecto de enfriamiento (Ruddiman y Carmichael 2006). Una reducción de la población de las Américas de 60,5 millones a fines del siglo XV , usando 1.04 ha (2.6 ac) de tierra per capita, a solo 4.5 millones alrededor de 1600 produjo la reforestación de 5.58 × 107 ha (1.383 × 108 ac) con un consumo de carbono (C)de7.4×109 t(8.2×109 tn) y disminución en la concentración de CO2 en 7 ppm (Koch et al. 2019; Ahn et al. 2012; McFarling et al. 2006). El objetivo de esta discusión es resaltar algunas lecciones que se pueden aprender del aplanamiento de la curva COVID-19 por medio del aislamiento que la humanidad puede usar en el aplanamiento de la Curva de Keeling a través de la adopción del uso restaurativo de la tierra, el manejo sostenible del suelo y el agua, y reservar alguna tierra para la naturaleza.


ACTIVIDADES ANTROPOGÉNICAS Y COVID-19


La pandemia de la COVID-19 puede ser un síntoma de la interacción creciente entre los humanos y el reino animal. El hábitat ha sido alterado por la deforestación, la quema voluntaria e intencional en el campo, el arado excesivo y la inundación por irrigación, el uso indiscriminado de productos químicos, uso inapropiado de los recursos naturales, y por supuesto, la adicción a los combustibles fósiles. La conversión a gran escala de los ecosistemas naturales en paisajes manejados, exigida por las demandas insaciables de una población humana en crecimiento y cada vez más opulenta, ha exacerbado las interacciones entre los humanos y otros animales. El aumento de la intensidad y la frecuencia de las pandemias desde principios del siglo XX, de las cuales la COVID-19 es solo un evento desafortunado, muestran un aumento progresivo en la intensidad y gravedad de dichas interacciones, las cuales se ven agravadas por el cambio climático antropogénico. El esquema de la figura 1 muestra el inicio de algunos ciclos viciosos superpuestos, que se ponen en marcha por la deforestación ad-hoc, el mal uso de la tierra y la mala gestión del suelo. La necesidad cada vez mayor de más deforestación conduce a efectos adversos sobre el bienestar humano, la salud del planeta y las pandemias viciosas. La invasión del hábitat por la humanidad, con impactos adversos en los procesos planetarios, también agrava el nexo pobreza-hambre-desnutrición-disturbios políticos.


La degradación de la tierra, caracterizada por la disminución de la calidad del suelo, el agua, el aire y la biodiversidad, afecta a 3.2 billones de personas o el 40% de la población mundial en 2020 (IPBES 2019). La pérdida global de la capa superior del suelo debido a prácticas agrícolas insostenibles, estimada en 2 × 109 t año–1 (26.5 × 109 tn año–1), redujo el PIB en un 10% y agravó enfermedades infecciosas como el virus del Ébola y Marbug (IPBES 2019). En términos de ramificaciones geopolíticas, la degradación de la tierra es responsable de los refugiados del suelo, el desplazamiento interno y los disturbios políticos (figura 1). El número de refugiados del suelo puede ser de 50 a 700 millones para el 2050 en Asia occidental y meridional, y África subsahariana. Por lo tanto, es prudente que los agroecosistemas para la producción de alimentos se mantengan dentro de los límites de la salud ambiental (Springmann et al.2018).

No obstante los llamamientos de la comunidad científica y las sociedades cívicas para reducir las emisiones se han ignorado, el aislamiento impuesto a la humanidad por la COVID-19 puede reducir las emisiones globales en un 5% en 2020 y reducir la concentración de CO2 atmosférico en 1 ppm (Komanoff y Ketcham 2020). Sin embargo, se necesita una reducción del 7.6% anual entre 2020 y 2030 para limitar el calentamiento global a 1.5 ° C (2.7 ° F) (PNUMA 2019). Se espera que la humanidad genere voluntariamente las reducciones requeridas en las emisiones antes de que la Madre Naturaleza intervenga aún más fuertemente.


LECCIONES APRENDIDAS Y ESTRATEGIAS PARA EL FUTURO El aislamiento tiene fuertes implicaciones científicas para llevar a cabo investigaciones de campo en ciencia del suelo que comienzan en primavera e incluyen muestreo del suelo para determinar la línea base de las propiedades antes del establecimiento de cultivos, medir el flujo de gases de efecto invernadero en relación con el calentamiento del suelo, evaluar la escorrentía superficial por el deshielo y las lluvias de primavera, determinar el transporte de sedimentos y nutrientes en los ecosistemas acuáticos, el monitoreo de las propiedades de capacidad de tránsito y resistencia del suelo, etc. La temporada completa de recolección de datos para la primavera / verano 2020 puede perderse por la necesidad de aplanar la curva COVID-19.

Si bien la continuidad en la ciencia es importante, el tiempo extra disponible se puede utilizar para iniciar y fortalecer las redes científicas a través de teleconferencias y talleres virtuales, tabulando y sintetizando los datos anteriores de estudios de campo y laboratorio, escribiendo artículos de revistas o capítulos de libros, y reflexionando y contextualizando dónde ha estado la ciencia del suelo y dónde debería estar para abordar eficazmente los desafíos actuales y emergentes que enfrenta la humanidad y el planeta Tierra.

Específicamente, la comunidad científica del suelo debe posicionarse para competir de manera efectiva por los dólares de investigación cada vez menores necesarios para documentar que la degradación de la calidad del suelo pone en marcha ciclos viciosos interconectados con efectos adversos sobre la salud ambiental y humana (figura 1). Por lo tanto, este es el momento de identificar los puntos de entrada para romper efectivamente los ciclos viciosos superpuestos.



La agricultura global se encuentra entre las mejores historias de éxito desde la década de 1960, como lo documenta el salto cuántico en el rendimiento agronómico y la productividad. A pesar del éxito, había unos 820 millones de personas mal alimentadas y casi 2 billones de personas desnutridas en todo el mundo, incluso antes de la pandemia de la COVID-19. Por lo tanto, se deben tomar medidas urgentes para proteger a la población vulnerable asegurando que la protección de los alimentos y las cadenas de suministro sean operativas y seguras. Proteger a los agricultores contra los efectos adversos del aislamiento es esencial para fortalecer la resiliencia de la industria agrícola. Con la gestión sostenible del suelo y la agricultura a la vanguardia de los problemas mundiales, es importante tener un plan científicamente creíble que sea comprensible y persuasivo para los responsables de formular políticas. Este es el momento para que las instituciones científicas reflexionen, reconsideren y revisen lo que debe hacerse cuando se levante el cierre. De manera análoga al desarrollo de una vacuna contra la COVID-19, también es esencial desarrollar una inoculación contra la mentalidad sobre la importancia de la protección, restauración y conservación del suelo. Mantener la calidad y la funcionalidad del suelo es fundamental para avanzar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, especialmente los ODS 2 (Fin del hambre), 3 (Salud humana y bienestar) y 13 (Acción climática; figura 2), todos los cuales están interconectados (Di Marco et al. 2020) y gravemente afectados por la pandemia COVID.




La desafortunada y amarga verdad sobre la pérdida de vidas y el sufrimiento humano causada por la pandemia COVID-19 le enseña a la humanidad una lección que, a menos que rectifique su comportamiento, la naturaleza hará a su propio modo lo que debía haberse hecho por nosotros. También nos enseña que, con la eliminación del aislamiento actual, un enfoque comercial como de costumbre no es aceptable.

Estas pandemias, causadas por el aumento de las interacciones de la humanidad con el reino animal, pueden reducirse devolviendo algunas tierras a la naturaleza. Por lo tanto, debe haber un cambio de paradigma en nuestros valores, estilos de vida y pensamiento. De hecho, la tasa de calentamiento global puede mantenerse dentro de un límite de1.5°C(2.7°F) al reducir nuestro consumo; encontrar fuentes de combustible no fósil; devolver algunas tierras a la naturaleza para la forestación; usando la tierra y el agua juiciosamente; y nunca dar por sentado la comida, el agua, el suelo y los recursos naturales. Es importante que la humanidad tome de la naturaleza solo lo necesario y no más.

CONCLUSIÓN

La tragedia de la pandemia de COVID-19 ha indicado una vez más la necesidad de proteger, curar, restaurar y mantener la piel herida del planeta: el suelo frágil. A través de una gestión juiciosa, reduciendo el desperdicio de alimentos y las pérdidas de recursos (suelo, agua, nutrientes), algunas tierras deben ser reservadas y devueltas a la naturaleza para mejorar y restaurar los procesos planetarios.

La crisis de la COVID-19 requiere la implementación de la estrategia “Una Salud”(del inglés “One Health initiative, OHI”): la salud del suelo, las plantas, los animales, las personas y el medio ambiente es única e indivisible. Por lo tanto, la formulación de una Ley de Calidad del Suelo apoyará la Ley de Calidad del Agua existente (1972) y la Ley de Calidad del Aire (1967), al tiempo que fortalece la trinidad ambiental: suelo, agua y aire. Una de las lecciones aprendidas es que podemos reducir las emisiones voluntariamente al cambiar nuestros valores, estilo de vida y negocios como de costumbre antes de que la Madre Naturaleza lo haga por nosotros.

REFERENCIAS


  • Ahn, J., E.J. Brook, J. Mitchell, J. Rosen, J.R. McConnell, K. Taylor, D. Etheridge, and M. Rubino. 2012. Atmospheric CO2 over the last 1000 years: A high resolution record from the West Antarctic Ice Sheet (W AIS) Divide ice core. Global Biogeochemical Cycles 26(2):1-11.

  • Biswas, S. 2020. India Coronavirus: Can the COVID- 19 lockdown spark a clean air movement? BBC News, April 21, 2020. https://www.bbc.co,/news/world-asia-india52313972.

  • Di Marco, M., M.L. Baker, P. Daszuk., P. De Barro, E.A. Eskew, C.M. Godde, T.D. Harwood, M. Herraro, A.J. Haskins, E. Johnson, W.B. Karesh, C. Machalaba, J.N. Garcia, D. Paini, R. Pirzi, M.S. Smith, C. Zambrana, D. Paini, R. Pirzi, M.S. Smith, C. Zambrana-Torreliio, and S. Ferrier. 2020. Sustainable development must account for pandemic risks. Proceedings of the National Academy of Sciences 117(8):3888-3892. https://doi.org/10.1073/pnas.2001655 117.

  • Flis, A. 2020. COVID-19 versus climate. Global CO2 levels have temporarily stopped rising, likely due to the industry slowdown as the world battles the new Corona virus. Global Weather, March 22, 2020. https:// www.severe-weather.eu/global-weather/covid-19-global-co2- slowdown-climate-fa/.

  • IPBES (Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services). 2019. The Global Assessment Report on Biodiversity and Ecosystem Services. https://ipbes.net/global-assessment.

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  • MacFarling, M., D. Etheridge, C. Trudinger, P. Steele, R. Langenfields, T. van Ommen, A. Smith, and J. Elkins. 2006. Low dome CO2, CH4 and N2O ice core records extended to 2000 year BP. Geophysical Research Letters 33:2000-2003.

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  • Springmann, M., M. Clark, D. Mason-D’Croz, K. Wiebe, B. Bodirsky, L. Lassaletta, W. de Vries, S.J. Vermeulen, M. Herrero, K.M. Carlson, M. Jonell, M. Troell, F. DeClerck, L.J. Gordon, R. Zurayk, P. Scarborough, M. Rayner, B. Loken, J. Franzo, H. Carles, J. Godfay, D. Tilman, J. Rockstrom, and W. Willett. 2018. Options for keeping the food system within environmental limits. Nature 562:519-525.

  • Storrow, B. 2020. Coronavirus is reducing CO2: Why that is worrisome. E&E News, April, 17, 2020.

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