Pablo Servigne «Tenemos que hacer el duelo de nuestro mundo para escribir una nueva historia»


De paso por Lausana, el ecólogo francés ha reconsiderado su concepto de «colapsología». Él asegura que una toma de conciencia colectiva de los problemas ecológicos permitirá – a pesar del colapso de la sociedad – considerar un futuro feliz.


«Cómo todo puede colapsar», el título de su primer libro, escrito junto con Raphaël Stevens en 2015, ya anunciaba cuál sería el tono. En este manual «para uso de las generaciones presentes», Pablo Servigne describía el desplome actual y futuro de nuestra sociedad industrial. Su concepto principal es la «colapsología», es decir, la síntesis de las disciplinas científicas que permiten comprender la crisis ecológica. El año pasado, el investigador francés, en colaboración con Raphael Stevens y Gauthier Chapelle, volvió con un segundo ensayo, Otro fin del mundo es posible, en el cual explica la necesidad de encontrar soluciones colectivas para vivir este colapso.


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De paso por Lausana, Pablo Servigne participó en un debate organizado por la Fundación Zoein (https://zoein.org/) el martes en el Teatro de Vidy: Colapsos y renacimientos: sentir, saber, imaginar», o cómo vivir en una sociedad solidaria y respetuosa de los límites planetarios. Descifrar una filosofía en sintonía con nuestros tiempos, entre ira, resiliencia y esperanza.


Le Temps: El derretimiento de las capas de hielo, desforestación, contaminación del aire, plástico en los océanos… En sus libros, ustedes predicen el colapso de nuestra civilización industrial para el año 2025. ¿De verdad lo creen?


Pablo Servigne: ¡Claro que sí! Puede incluso que ya esté pasando. Choques mayores pueden ocurrir en cinco o diez años, o incluso mañana. En todo caso, será pronto, dada la degradación del planeta. La amenaza climática ya no tiene que demostrarse más, es evidente, con el empobrecimiento de los suelos y la dramática pérdida de biodiversidad. Estos problemas van acompañados de dificultades de abastecimiento de recursos y de energía. A la larga, esto intensificará los conflictos geopolíticos, lo que podría provocar un colapso económico y bursátil. No hay separación entre esos riesgos, todo está interconectado. Estamos frente a un riesgo sistémico global. Los colapsos en curso provocarán los desastres dramáticos del futuro.


Sus palabras son catastróficas… ¿Es necesario instaurar un clima de miedo entre la población para infundir un cambio?


No son los discursos los que crean un clima de temor, son las propias catástrofes. Nunca fue mi intención angustiar a la población. ¡No se puede alertar al vecino de un incendio sin mencionar el fuego! En nuestra primera obra, quisimos exponer los hechos y advertir la magnitud de los daños. La población debe darse cuenta de los grandes trastornos de nuestra sociedad para poder sobrevivir a ellos. Es normal sentir miedo, ira y tristeza cuando perdemos algo a lo que nos aferramos, sobre todo cuando presenciamos la destrucción masiva de nuestro medio ambiente. Pero también pueden surgir sentimientos positivos de esta tragedia.


¿Es decir?


Es necesario concebir la resiliencia ecológica como un proceso de duelo. Nuestro mundo, construido sobre la idea del crecimiento infinito, ya no es viable. El futuro, tal como lo imaginaban los países, no tendrá lugar. Pero es posible pasar de la ira a la aceptación y escribir una nueva historia que tenga sentido. Este detonante es una verdadera liberación que permite deshacerse del miedo y de la ira para desembocar en un horizonte más sereno. El colapso es una oportunidad real para considerar un nuevo futuro.


«Tengo el sentimiento de haber realizado una tarea. Este año, tengo la intención de eclipsarme un poco de la escena mediática para observar y tomar distancia».


¿Cómo será este mundo pos-colapso?


Son las personas las que deben escribir la historia y yo invito a todos a imaginarla. Personalmente pienso que se tratará sobre todo de no caer en el pesimismo. Esto será posible gracias a un ambiente psicoafectivo sólido, en particular la familia y los amigos. Ayudar a los demás, escuchar a su prójimo… altruismo y espiritualidad serán absolutamente necesarios. Cada quien tendrá que cuestionarse a si mismo y preguntarse qué mundo desean dejar a sus descendientes. Desde el punto de vista colectivo, habrá que encontrar una nueva forma de vivir en comunidad y no en una supervivencia individualista y nefasta. Esto pasa, por ejemplo, por una nueva manera de relacionarnos con el mundo, donde los seres vivos no son objetos, sino sujetos de pleno derecho. Hemos llamado «colapsosofía» a las maneras de referirse a este posible colapso con la ética, el arte, los relatos o la espiritualidad.


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El camino parece aún largo antes de llegar a una toma de conciencia colectiva


No, la toma de conciencia está ahí, todo el mundo lo sabe. El problema es pasar a la acción, porque los mecanismos de negación y disonancia cognitiva son poderosos. ¡No creemos lo que sabemos! Sin embargo, esta negación es un primer paso normal al momento de descubrir la verdad. Evitar ver la realidad es una forma de protegerse de la degradación progresiva de nuestro entorno. A nivel político, también hay obstáculos y bloqueos. Las instituciones no son capaces de actuar, ya que no han sido concebidas para responder a un problema de tal magnitud a largo plazo. Todo tiene que cambiar, y rápidamente.


¿Tiene usted esperanza o confianza ante esto?


Por ahora, sí. En Francia, los «chalecos amarillos» expresan su ira cada sábado e inventan herramientas políticas; cada semana, miles de jóvenes salen a las calles para protestar por el clima. En los últimos meses, el movimiento Extinción Rebelión ha actuado de manera radical en muchos países para limitar el calentamiento global. Hay una gran cantidad de iniciativas, eso lo veo con muy buenos ojos. Esto permite esbozar nuestra futura sociedad. La toma de conciencia ecológica está en marcha. Se trata entonces de pasar a la acción concreta para imaginar un mundo pos-colapso.


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¿Sus ideas han sido muy mediatizadas en los últimos años. ¿Cree que ha cumplido su misión?


Sí, siento una cierta sensación de haber realizado algo importante. Intenté transmitir lo que entendí, tratando de hacer inteligible la interconexión de las crisis que atravesamos. Pero esa era la primera etapa, aun queda todo por hacer. Este año, tengo la intención de eclipsarme un poco de la escena mediática para observar y tomar distancia. Las palabras «colapso» y «ayuda mutua» han entrado en el debate público, ahora voy a dejar que hagan su camino.

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