Vivir (y trabajar) con la tierra

Actualizado: 23 may 2020

Entrevista con Perrine & Charles Hervé-Gruyer para la revista francesa Yggdrasil No. 4.

Texto Original: Pablo Servigne & Gauthier Chapelle

Ilustraciones: Marie Doucedame

Traducción: Equipo de Colapsología América Latina


La Granja de Bec Hellouin, situada en Normandía (Francia) y dirigida por Perrine y Charles Hervé-Gruyer, es un lugar excepcional. Desde el 2004, han estado experimentando nuevas formas de agricultura, inspirándose en la permacultura y en la microagricultura biointensiva: todo se hace a mano, sin máquinas, con una densidad de siembra extrema, diversidad floreciente, suelos que reviven, etc. El resultado: no sólo se obtiene una buena calidad y cantidad de frutas y verduras, sino que además —y como lo muestran los estudios científicos— alcanzan una buena rentabilidad económica y una increíble regeneración de ecosistemas.


Además, la granja no es sólo una experiencia de horticultura, sino que tiene otros tres pilares: programas de investigación, capacitación y enjambre. La experiencia de Perrine y Charles —inventores de conceptos, diseñadores de nuevas herramientas, escritores, formadores— se irradia en el mundo entero, inspira a los horticultores, estimula las instituciones políticas y científicas, y hace soñar al público.


La facilidad que tienen para sobresalir proviene de la vida que llevaban antes: Perrine era abogada, Charles era marinero. Y como dijo Mark Twain: «ellos no sabían que era imposible, por eso lo hicieron». Gracias a su extraordinario trabajo y tenacidad, han logrado sacudir los dogmas agronómicos, reunir a una gran red de investigadores y mecenas (y generar críticas también, que a veces son tan virulentas como absurdas), y sobre todo a dibujar un horizonte futuro posible y deseable... para las catástrofes que se avecinan.


Conocimos a Perrine y a Charles hace apenas unos diez años; pasamos por la granja varias veces, como practicantes, miembros del consejo científico para estudios INRA (Instituto Nacional de Investigación Agronómica)/AgroParisTech, y simplemente para hacerles una visita amistosa. Con esta entrevista, quisimos celebrar su nuevo libro —el impresionante Viviendo con la Tierra (Vivre avec la Terre)—, ver cómo estaban, y hablar especialmente sobre el colapso. De hecho, los medios de comunicación a menudo dan una imagen muy positiva de la granja... lo que oculta la lucidez y la consciencia de nuestros dos amigos. Nos vimos en julio de 2019, y estábamos a 42.7°C.

YGGDRASIL (Y) ¡Hola, Perrine y Charles! gracias por recibirnos en su casa. Su granja es conocida y reconocida a nivel mundial. Lo que han hecho es hermoso, proporciona productos en abundancia y calidad, su método ha sido supervisado y validado por estudios científicos, hacen sólidas capacitaciones, publican libros magníficos... Y además de todo este trabajo, ¡se encargan de sus hijos y responden a las entrevistas! Pero, ¿a qué hora se levantan?

PERRINE (P) ¿En este momento? Hacia las 5 a.m. [risas]. Sí, estamos trabajando mucho, es toda nuestra vida. También es a veces un problema, pero manejamos esta vida con bastante libertad, y es cómodo cuando te apasiona lo que haces.



Y • A propósito de esta abundancia de energía, de la mañana a la noche, desde hace 15 años, ¿cuál es su motor?, ¿qué es lo que ha cambiado para ustedes?


P • Al principio, era la preservación del medio ambiente, este vínculo íntimo y carnal con la naturaleza. Recientemente, el colapso ha traído paradójicamente un nuevo impulso; es una temática que está muy presente en nosotros, en nuestras decisiones y en nuestro modo de funcionar... incluso si el tema de la energía nos concierne íntimamente desde hace mucho. ¡Estamos cada vez más obsesionados por esto!


Yo puedo ser más relajada que Charles [risas]. El futuro de la granja tiene que ver con todo eso. Por ejemplo, a nivel personal queríamos disminuir el ritmo y pensar en la transmisión... en el contexto del colapso, ¡no en lo comercial!



Y • ¿Eso significa que trabajan en un estado de temor permanente?

¡Parecería que hay amor aquí!


P • Yo, no. No tengo miedo.


CHARLES (C) Sí, hay amor por lo que hacemos; nuestra pasión por la agricultura sigue creciendo año tras año. Uno puede seguir progresando hasta el último instante, es fascinante. Pero es cierto que nuestros centros de interés evolucionan. Por ejemplo, llenar camionetas de verduras: hay un momento en el que, necesariamente, la motivación disminuye. Necesitamos mucha estimulación intelectual, todo nos interesa.


Lo que nos permite resistir es que abrimos constantemente nuevos proyectos. ¡Hay tantos sectores por explorar! A veces nos preguntamos si esto no es una manera de postergar los problemas... Pero, ¡vemos los frutos de lo que sembramos! Es cierto que la toma de consciencia de un posible colapso es un gran aguijón, con su cuota de profunda ansiedad por nuestros hijos, por los de ustedes, por las generaciones futuras. Pero eso no nos consume. Me digo a mí mismo que si llegamos a desconectar la granja de las redes (eléctricas, etc.), otros se dirán : «¡Ah, es posible, puedo hacerlo!» En este momento, por ejemplo, estamos abriendo un proyecto sobre los cereales cultivados en jardines [densos, al alcance de la mano y a pequeña escala]; ¡este es un tema sobre el cual nadie trabaja! Si uno tiene los medios financieros y humanos para lanzarse, hay que hacerlo, porque los primeros resultados tangibles sólo llegarán 10 años después. ¡Hay que empezar inmediatamente!



Y • Si entendí bien, el miedo no es realmente su motor, pero es como si la cuestión del colapso aportara un nuevo significado, ¿verdad?


P • Mi motivación principal al principio era la alimentación, la buena salud y la preservación del medio ambiente. Pero, a la larga, me gustaría que todo explotara de una vez por todas, para que volvamos a empezar con buenas bases. Sin embargo, no quiero un colapso violento, ni para nuestros hijos ni para los otros, por supuesto; es muy complicado… Hay muchas personas a las que les explotará en la cara, ¡y es probable que sea muy violento!, cuando vemos el grado de falta de preparación de la gran mayoría de la sociedad... Aquí, logramos magnetizar, drenar todo un conjunto de personas que están en el mismo tipo de pensamiento. Tenemos la impresión —en nuestro pequeño microcosmos— de que algo se mueve, de que es genial, y de que lograremos hacer algo. Pero cuando sales, te das cuenta muy rápido de que ¡esto no es fácil para todos! E incluso, para aquellos que han ido tomando consciencia de ello, a diario, no es tan fácil. Oscila entre un «lo dejo todo» y un «lástima, como esto ya no tiene arreglo, seguiré usando mi auto».



Y • Desde hace más de 10 años, ¿has sentido algún cambio en las razones por las que la gente viene a capacitarse aquí?


C • Sí, absolutamente, hemos visto una evolución. Al principio teníamos a gente muy desinformada sobre la permacultura y todas esas cosas. Hoy, cuando llegan, ya han leído muchos libros, han visto docenas de videos, entonces vienen con una mayor exigencia. Es interesante, porque nos estimuló a profundizar los programas, y ahora eso permite ir más rápido en las nociones básicas. También hubo un punto de inflexión cuando recibimos en dos ocasiones —hace siete u ocho años— a máximos responsables de la OTAN: vinieron a capacitarse y nos dijeron que su trabajo era estudiar los riesgos del mundo del mañana y las estrategias militares para contener esos riesgos; nos dijeron que las armas del 2020 estaban listas, y que los riesgos que habían identificado de cara al 2025 eran las tensiones en torno a la energía y a la alimentación. Vinieron varios, pero a título personal, para aprender a alimentar a sus familias...


Fue la primera vez que escuchamos hablar de colapso, y no para el 2075, ¡sino a más corto plazo! Fue un primer electrochoque. Y luego, en 2010, vino Agnes Sinai [N. del T.: autora, conferencista y profesora universitaria sobre los temas del colapso y políticas públicas en Francia] Ella ha venido a menudo a formarse y ha tenido una gran influencia en nosotros; despertó en nosotros la cuestión del pospetróleo, al igual que Yves Cochet. Hablamos mucho sobre el Peak Oil [pico petrolero] y un colapso vinculado a una escasez de energía. Conscientes de que dependemos del petróleo, rápidamente decidimos realizar una agricultura sin petróleo. Lo que nos decíamos es que estábamos listos para luchar durante10 años, que tomaría tiempo pero que en 15 años la gente estaría feliz de que dos «tortuguitas» hubieran desarrollado alternativas en Normandía [región al noroeste de Francia]... Y finalmente, la buena sorpresa es que ¡funcionó mucho más rápido de lo que habíamos previsto! Luego salió su libro, Cómo todo puede colapsar [Pablo servigne y Raphaël Stevens, Editorial le Seuil, 2015 (en francés)]. Entonces, se fueron agregando todas las causas de vulnerabilidad; ustedes fueron los primeros en vincular todo eso, y eso creó una gran toma de consciencia. Y ahora, vemos que los practicantes hablan cada vez más de colapso, desde hace dos o tres años; hemos visto una rápida evolución, y es un tema que he introducido mucho más en los cursos de capacitación. Antes, solía hablar de los riesgos ecológicos, de su impacto, de la vida del planeta a largo plazo, de inventar nuevas soluciones, etc. Ahora, digo que una microgranja también puede llegar a ser una solución en caso de colapso. Por lo que veo, en los grupos de 50 practicantes, muchos asienten y están muy bien informados. Hay siempre unas cuantas personas para las que es un choque porque no sabían nada del tema, como recientemente alguien de la FAO [Organización para la Alimentación y la Agricultura, agencia especial de la ONU]. Pero a ellos les damos un «cuidado especial»... [risas].



Y • Esto también está muy presente en sus libros...


C • ¡Sí!


P • Influye mucho. Viviendo con la tierra es en cierto modo un manual en caso de colapso.


C • Y no sólo para Francia o Europa, también está destinado a los países del Sur, que sufren mucho más que nosotros.

Y • Y en cuanto al clima, ¿sienten que hay ventajas —en términos de resistencia— en el modo que tienen de cultivar y organizarse? Hoy estamos haciendo esta entrevista a casi a 43 °C, un récord absoluto para Normandía, ¡es todo un símbolo!


C • Se puede tener una lectura permacultural del clima, por lo que observamos en la granja, y también es una lectura científica. Aquí, nosotros lo hemos hecho mucho más complejo: hay muchos árboles, pequeños biótopos, 25 estanques, un río, un estanque, tres bosques de jardines, mucha biomasa y materia orgánica, etc. Lo que observamos es que, cuando hay extremos, sufrimos, pero claramente menos que los demás, porque todos estos elementos forman un microclima. El agua se mantiene más tiempo en la materia orgánica en caso de sequía, los árboles nos protegen en caso de tormenta, la congelación penetra menos en los suelos, etc. Sufrimos, pero menos. Esto es lo que describen los ecologistas: cuanto mayor es la biodiversidad, menos se siente el golpe.


Creo que acabamos de pasar los cinco años más calurosos. Escribía en el manual hace tres o cuatro años, que en nuestros países aún no sentíamos físicamente el calentamiento global. Pero, éste es el primer año en el que realmente se siente; y es una gran fuente de ansiedad para mí, porque no pensé que vendría tan rápido y tan fuerte. Tomo como una señal el hecho de que hagamos esta entrevista para Yggdrasil, ¡justo el día más caluroso que hemos vivido en Normandía hasta hoy! Soy normando de origen, tengo 61 años, ¡y nunca había pasado por esto en toda mi vida! Y sólo estamos en el 2019... ¡en Normandía!, ¡en el fondo de un valle con la fama de ser húmedo y fresco, con muchos árboles sembrados! ¿Cómo será en el 2050?, ¿y en