Vivir (y trabajar) con la tierra

Actualizado: may 23

Entrevista con Perrine & Charles Hervé-Gruyer para la revista francesa Yggdrasil No. 4.

Texto Original: Pablo Servigne & Gauthier Chapelle

Ilustraciones: Marie Doucedame

Traducción: Equipo de Colapsología América Latina


La Granja de Bec Hellouin, situada en Normandía (Francia) y dirigida por Perrine y Charles Hervé-Gruyer, es un lugar excepcional. Desde el 2004, han estado experimentando nuevas formas de agricultura, inspirándose en la permacultura y en la microagricultura biointensiva: todo se hace a mano, sin máquinas, con una densidad de siembra extrema, diversidad floreciente, suelos que reviven, etc. El resultado: no sólo se obtiene una buena calidad y cantidad de frutas y verduras, sino que además —y como lo muestran los estudios científicos— alcanzan una buena rentabilidad económica y una increíble regeneración de ecosistemas.


Además, la granja no es sólo una experiencia de horticultura, sino que tiene otros tres pilares: programas de investigación, capacitación y enjambre. La experiencia de Perrine y Charles —inventores de conceptos, diseñadores de nuevas herramientas, escritores, formadores— se irradia en el mundo entero, inspira a los horticultores, estimula las instituciones políticas y científicas, y hace soñar al público.


La facilidad que tienen para sobresalir proviene de la vida que llevaban antes: Perrine era abogada, Charles era marinero. Y como dijo Mark Twain: «ellos no sabían que era imposible, por eso lo hicieron». Gracias a su extraordinario trabajo y tenacidad, han logrado sacudir los dogmas agronómicos, reunir a una gran red de investigadores y mecenas (y generar críticas también, que a veces son tan virulentas como absurdas), y sobre todo a dibujar un horizonte futuro posible y deseable... para las catástrofes que se avecinan.


Conocimos a Perrine y a Charles hace apenas unos diez años; pasamos por la granja varias veces, como practicantes, miembros del consejo científico para estudios INRA (Instituto Nacional de Investigación Agronómica)/AgroParisTech, y simplemente para hacerles una visita amistosa. Con esta entrevista, quisimos celebrar su nuevo libro —el impresionante Viviendo con la Tierra (Vivre avec la Terre)—, ver cómo estaban, y hablar especialmente sobre el colapso. De hecho, los medios de comunicación a menudo dan una imagen muy positiva de la granja... lo que oculta la lucidez y la consciencia de nuestros dos amigos. Nos vimos en julio de 2019, y estábamos a 42.7°C.

YGGDRASIL (Y) ¡Hola, Perrine y Charles! gracias por recibirnos en su casa. Su granja es conocida y reconocida a nivel mundial. Lo que han hecho es hermoso, proporciona productos en abundancia y calidad, su método ha sido supervisado y validado por estudios científicos, hacen sólidas capacitaciones, publican libros magníficos... Y además de todo este trabajo, ¡se encargan de sus hijos y responden a las entrevistas! Pero, ¿a qué hora se levantan?

PERRINE (P) ¿En este momento? Hacia las 5 a.m. [risas]. Sí, estamos trabajando mucho, es toda nuestra vida. También es a veces un problema, pero manejamos esta vida con bastante libertad, y es cómodo cuando te apasiona lo que haces.



Y • A propósito de esta abundancia de energía, de la mañana a la noche, desde hace 15 años, ¿cuál es su motor?, ¿qué es lo que ha cambiado para ustedes?


P • Al principio, era la preservación del medio ambiente, este vínculo íntimo y carnal con la naturaleza. Recientemente, el colapso ha traído paradójicamente un nuevo impulso; es una temática que está muy presente en nosotros, en nuestras decisiones y en nuestro modo de funcionar... incluso si el tema de la energía nos concierne íntimamente desde hace mucho. ¡Estamos cada vez más obsesionados por esto!


Yo puedo ser más relajada que Charles [risas]. El futuro de la granja tiene que ver con todo eso. Por ejemplo, a nivel personal queríamos disminuir el ritmo y pensar en la transmisión... en el contexto del colapso, ¡no en lo comercial!



Y • ¿Eso significa que trabajan en un estado de temor permanente?

¡Parecería que hay amor aquí!


P • Yo, no. No tengo miedo.


CHARLES (C) Sí, hay amor por lo que hacemos; nuestra pasión por la agricultura sigue creciendo año tras año. Uno puede seguir progresando hasta el último instante, es fascinante. Pero es cierto que nuestros centros de interés evolucionan. Por ejemplo, llenar camionetas de verduras: hay un momento en el que, necesariamente, la motivación disminuye. Necesitamos mucha estimulación intelectual, todo nos interesa.


Lo que nos permite resistir es que abrimos constantemente nuevos proyectos. ¡Hay tantos sectores por explorar! A veces nos preguntamos si esto no es una manera de postergar los problemas... Pero, ¡vemos los frutos de lo que sembramos! Es cierto que la toma de consciencia de un posible colapso es un gran aguijón, con su cuota de profunda ansiedad por nuestros hijos, por los de ustedes, por las generaciones futuras. Pero eso no nos consume. Me digo a mí mismo que si llegamos a desconectar la granja de las redes (eléctricas, etc.), otros se dirán : «¡Ah, es posible, puedo hacerlo!» En este momento, por ejemplo, estamos abriendo un proyecto sobre los cereales cultivados en jardines [densos, al alcance de la mano y a pequeña escala]; ¡este es un tema sobre el cual nadie trabaja! Si uno tiene los medios financieros y humanos para lanzarse, hay que hacerlo, porque los primeros resultados tangibles sólo llegarán 10 años después. ¡Hay que empezar inmediatamente!



Y • Si entendí bien, el miedo no es realmente su motor, pero es como si la cuestión del colapso aportara un nuevo significado, ¿verdad?


P • Mi motivación principal al principio era la alimentación, la buena salud y la preservación del medio ambiente. Pero, a la larga, me gustaría que todo explotara de una vez por todas, para que volvamos a empezar con buenas bases. Sin embargo, no quiero un colapso violento, ni para nuestros hijos ni para los otros, por supuesto; es muy complicado… Hay muchas personas a las que les explotará en la cara, ¡y es probable que sea muy violento!, cuando vemos el grado de falta de preparación de la gran mayoría de la sociedad... Aquí, logramos magnetizar, drenar todo un conjunto de personas que están en el mismo tipo de pensamiento. Tenemos la impresión —en nuestro pequeño microcosmos— de que algo se mueve, de que es genial, y de que lograremos hacer algo. Pero cuando sales, te das cuenta muy rápido de que ¡esto no es fácil para todos! E incluso, para aquellos que han ido tomando consciencia de ello, a diario, no es tan fácil. Oscila entre un «lo dejo todo» y un «lástima, como esto ya no tiene arreglo, seguiré usando mi auto».



Y • Desde hace más de 10 años, ¿has sentido algún cambio en las razones por las que la gente viene a capacitarse aquí?


C • Sí, absolutamente, hemos visto una evolución. Al principio teníamos a gente muy desinformada sobre la permacultura y todas esas cosas. Hoy, cuando llegan, ya han leído muchos libros, han visto docenas de videos, entonces vienen con una mayor exigencia. Es interesante, porque nos estimuló a profundizar los programas, y ahora eso permite ir más rápido en las nociones básicas. También hubo un punto de inflexión cuando recibimos en dos ocasiones —hace siete u ocho años— a máximos responsables de la OTAN: vinieron a capacitarse y nos dijeron que su trabajo era estudiar los riesgos del mundo del mañana y las estrategias militares para contener esos riesgos; nos dijeron que las armas del 2020 estaban listas, y que los riesgos que habían identificado de cara al 2025 eran las tensiones en torno a la energía y a la alimentación. Vinieron varios, pero a título personal, para aprender a alimentar a sus familias...


Fue la primera vez que escuchamos hablar de colapso, y no para el 2075, ¡sino a más corto plazo! Fue un primer electrochoque. Y luego, en 2010, vino Agnes Sinai [N. del T.: autora, conferencista y profesora universitaria sobre los temas del colapso y políticas públicas en Francia] Ella ha venido a menudo a formarse y ha tenido una gran influencia en nosotros; despertó en nosotros la cuestión del pospetróleo, al igual que Yves Cochet. Hablamos mucho sobre el Peak Oil [pico petrolero] y un colapso vinculado a una escasez de energía. Conscientes de que dependemos del petróleo, rápidamente decidimos realizar una agricultura sin petróleo. Lo que nos decíamos es que estábamos listos para luchar durante10 años, que tomaría tiempo pero que en 15 años la gente estaría feliz de que dos «tortuguitas» hubieran desarrollado alternativas en Normandía [región al noroeste de Francia]... Y finalmente, la buena sorpresa es que ¡funcionó mucho más rápido de lo que habíamos previsto! Luego salió su libro, Cómo todo puede colapsar [Pablo servigne y Raphaël Stevens, Editorial le Seuil, 2015 (en francés)]. Entonces, se fueron agregando todas las causas de vulnerabilidad; ustedes fueron los primeros en vincular todo eso, y eso creó una gran toma de consciencia. Y ahora, vemos que los practicantes hablan cada vez más de colapso, desde hace dos o tres años; hemos visto una rápida evolución, y es un tema que he introducido mucho más en los cursos de capacitación. Antes, solía hablar de los riesgos ecológicos, de su impacto, de la vida del planeta a largo plazo, de inventar nuevas soluciones, etc. Ahora, digo que una microgranja también puede llegar a ser una solución en caso de colapso. Por lo que veo, en los grupos de 50 practicantes, muchos asienten y están muy bien informados. Hay siempre unas cuantas personas para las que es un choque porque no sabían nada del tema, como recientemente alguien de la FAO [Organización para la Alimentación y la Agricultura, agencia especial de la ONU]. Pero a ellos les damos un «cuidado especial»... [risas].



Y • Esto también está muy presente en sus libros...


C • ¡Sí!


P • Influye mucho. Viviendo con la tierra es en cierto modo un manual en caso de colapso.


C • Y no sólo para Francia o Europa, también está destinado a los países del Sur, que sufren mucho más que nosotros.

Y • Y en cuanto al clima, ¿sienten que hay ventajas —en términos de resistencia— en el modo que tienen de cultivar y organizarse? Hoy estamos haciendo esta entrevista a casi a 43 °C, un récord absoluto para Normandía, ¡es todo un símbolo!


C • Se puede tener una lectura permacultural del clima, por lo que observamos en la granja, y también es una lectura científica. Aquí, nosotros lo hemos hecho mucho más complejo: hay muchos árboles, pequeños biótopos, 25 estanques, un río, un estanque, tres bosques de jardines, mucha biomasa y materia orgánica, etc. Lo que observamos es que, cuando hay extremos, sufrimos, pero claramente menos que los demás, porque todos estos elementos forman un microclima. El agua se mantiene más tiempo en la materia orgánica en caso de sequía, los árboles nos protegen en caso de tormenta, la congelación penetra menos en los suelos, etc. Sufrimos, pero menos. Esto es lo que describen los ecologistas: cuanto mayor es la biodiversidad, menos se siente el golpe.


Creo que acabamos de pasar los cinco años más calurosos. Escribía en el manual hace tres o cuatro años, que en nuestros países aún no sentíamos físicamente el calentamiento global. Pero, éste es el primer año en el que realmente se siente; y es una gran fuente de ansiedad para mí, porque no pensé que vendría tan rápido y tan fuerte. Tomo como una señal el hecho de que hagamos esta entrevista para Yggdrasil, ¡justo el día más caluroso que hemos vivido en Normandía hasta hoy! Soy normando de origen, tengo 61 años, ¡y nunca había pasado por esto en toda mi vida! Y sólo estamos en el 2019... ¡en Normandía!, ¡en el fondo de un valle con la fama de ser húmedo y fresco, con muchos árboles sembrados! ¿Cómo será en el 2050?, ¿y en el 2100? ¿Qué pasará en el Sur de Francia?, ¿en el Sur de España?, ¿en Burkina Faso y en Níger? A propósito, ¿qué está pasando ya? En mi humilde opinión, los cambios están siendo más fuertes de lo previsto. Eso me crea un sentimiento de emergencia, y lo reivindico, porque luchamos por los niños del mundo.


«En lugar de hacer como el avestruz, es más constructivo prepararse para lo peor».


Y • Lo has mencionado varias veces en otras ocasiones, Charles: si de repente todo se derrumba, la gente tendrá hambre, e irá a buscar qué comer; pero dices que ustedes no son necesariamente los que están en el mejor lugar, porque todos saben dónde están…


P • Sí, ¡todos nos dicen eso! Todas las personas que vienen de fuera nos dicen que nos saquearán. Al principio no tenía consciencia de esto, hablaba de colapso demasiado ingenuamente... Y la gente me dice que nadie discute con alguien que viene con una Kalashnikov.


C • Sólo quiero volver un poco hacia atrás: durante los 22 años de navegación que viví, alrededor del mundo, conocí muchos países y nos cruzamos con grandes testigos, como Théodore Monod, Hubert Reeves, René Dumont, el comandante Cousteau... Todo eso me marcó profundamente, porque estábamos en el palco para ver la degradación del planeta.

Lo confirmamos al regresar a las mismas costas año tras año; la muerte de los corales me marcó. y me impactó mucho la subida de los océanos. Creé la granja a la vez con una imaginación repleta de naturaleza intacta y rebelde, y también aterrorizado ante ese saqueo acelerado. El aspecto humano me preocupa cada vez más, porque pienso en todos los habitantes del Tercer Mundo; sometemos a esas personas que tienen un nivel de vida modesto y tradicional a todas las contaminaciones de los nuevos países industrializados, y toda la elevación del nivel de las aguas causada por nuestros países ricos. Veo la injusticia con los países del Sur, ¡pagan por nuestras propias estupideces! La ONU anuncia que habrá mil millones de refugiados entre ahora y el 2050, con un creciente nivel de las aguas que podrían invadir la tierras más fértiles... Y aquí, si vamos hacia un escenario catastrófico, en las ciudades como Rouen, Toulouse o París, ya no se podrá comer sin petróleo, por lo tanto los habitantes de la ciudad volverán al campo. ¿Qué pasa si los refugiados del Sur llegan en esas circunstancias? ¿Qué nos sugiere eso? ¿Alambres de púas en el Mediterráneo, con miradores?


Entonces, tal vez nos matarán en Bec Hellouin y seremos saqueados, pero lo que te estoy describiendo es el peor escenario, la violencia ciega. Porque si tienes hambre y ves morir a tus hijos, me parece legítimo saquear al vecino, si todavía le queda algo. El robo —incluso el cristianismo lo dice— es legítimo en algunos casos. ¡Pero no sólo tengo este escenario en mi imaginación!, ya que siempre he mantenido mis hábitos de marinero. Cuando te vas por un largo viaje siempre te preparas para el peor escenario, la tormenta cataclísmica, el huracán de fuerza 12. Cuando preparaba mi barco, con todos los niños que embarcábamos, nos preparábamos para lo peor, y eso es lo que se recomienda. En caso de que el barco se hunda, también nos preparamos para hundirnos. Así que teníamos contenedores impermeables conectados a balsas salvavidas, etc., y de hecho, ¡navegamos durante 22 años sin tener ni un accidente! He guardado esta mentalidad. En vez de hacer como el avestruz, es más constructivo prepararse para lo peor. Si te preparas para lo peor, aumentas las posibilidades de evitarlo. No estamos protegidos de un choque petrolero muy brutal, y ciudades como París tienen tres días de resiliencia: no es imposible que en los próximos años los habitantes de la ciudad vivan grandes éxodos de urgencia. Por eso nosotros nos preparamos para alimentar a tantas personas como sea posible en tiempos de crisis.



Y Lo que es notable en Bec Hellouin es que ustedes se preparan en lo concreto, para ustedes y para los demás, y también inventando nuevos conceptos, como el oficio de silvicultor, la microgranja, etc. Por cierto, en cuanto a las microgranjas, ¿ya han empezado a aparecer? ¿Hay aún muchos obstáculos para su desarrollo?


C Hay muchas trabas, pero sí, arranca. Cuando comenzamos la formación, era una apuesta, y no había reconocimiento de ese concepto; no era posible imaginar el surgimiento de tantos proyectos. Hay varias motivaciones: la primera es el cansancio; la gente está harta de la vida urbana, del consumo, del trabajo, de la rutina, etc., y buscan un sentido de la vida. Hoy se ven muchas personas que vienen con ese sentimiento, pero sin ideas claras. La segunda motivación, es que también vemos a mucha gente llegar con verdaderos proyectos ya en la mente; en un grupo de 55 personas —por ejemplo—, 35 ya tienen ideas claras: la tierra, los medios, las ideas, la motivación, etc. ¡Hay una aceleración enorme!


P Las trabas son numerosas: administrativas, financieras, jurídicas...



Y • ¿Trabas políticas?


P • No, políticas realmente no, porque podemos actuar sin ella. Hay que parar con la sacrosanta política; no podemos permitirnos esperar sus decisiones, ¡ya es tarde! Si algo me ha enseñado mi mandato político en la región, es eso. Es cierto que puede ayudar: si, por ejemplo, una decisión europea mejora la Política Agrícola Europea, podría acelerar el movimiento de las microgranjas, pero no podemos esperarlo, de lo contrario no lograremos nuestro objetivo. La política no es la que manda: ella llega después, como reacción. Entonces, la preparación al colapso, con el movimiento de las microgranjas, inexorablemente, hay que hacerla entre nosotros, y una red de ayuda mutua es fundamental. Por otra parte, se incita mucho a quienes vienen a formarse para que se mantengan conectados entre sí, porque tienen las mismas preocupaciones. Si aprenden a trabajar en colaboración desde ahora, todo será más fácil para ellos.



Y • Joanna Macy [activista ambiental] dice que hay tres pilares para la transición: la creación de alternativas (ustedes ya lo hacen), el cambio de consciencia (también ustedes lo hacen), y las luchas de resistencia, en defensa de la vida. ¿Cómo se relacionan ustedes con estas luchas?


C • Es difícil estar en todos los frentes, y ya estamos saturados. Personalmente, no me siento un militante «contra»... no es lo mío. Prefiero crear cosas nuevas y puentes. Nos pone en una posición en la que dialogamos con mucha gente, sin tabúes: grandes empresas, políticos, colectividades territoriales, fondos de inversión, bancos; creo que hay seres humanos por todas partes. ¿Por qué sentirnos diferentes, entonces? Tengo la impresión de que sería más útil dialogar con grandes actores de la agricultura convencional que se cuestionan, en lugar de atrincherarme y acusar a los demás de ser podridos y colaboradores del sistema. Es mi sensibilidad, prefiero intercambiar. Y también aprendo de esa gente; siempre es interesante tener otras visiones del mundo.



Y • Pero, ¿qué pasa si una compañía del CAC 40 [Compañía de Agentes Cambiarios francesa] viene aquí a «cooperar» con ustedes? En la desobediencia civil no violenta, se aplica el principio de no cooperación con el opresor...


C • Estamos totalmente dispuestos a participar en acciones no violentas. He leído mucho a Gandhi, Lanza Del Vasto, etc. Por ejemplo, a nivel de semillas, nunca hemos respetado las prohibiciones de comercializar tal o cual tipo de semilla por no estar inscritas en el catálogo oficial...


P • ¡Y lo decimos alzando la voz!


C • Se milita, por ejemplo, con ese colectivo dirigido por nuestra amiga, la abogada Blanche Magarinos-Rey. Escribimos con ella a todos los senadores, a todos los diputados, con otros firmantes, como la Granja de Sainte-Marthe, Kokopelli, etc.; también tenemos otros compromisos puntuales. Pero nuestra vocación no es ir a lanzar piedras... no actuamos así. Y toda la energía que tenemos la damos aquí, o a otros portadores de proyectos, por ejemplo, para que se instalen, etc.


P • En aquél momento, al dejarme acercar por el partido Ecológico (EELV) de la región, pensé que podía cambiar las cosas. Era militancia, duró seis años, y me di cuenta de que no es mi manera de luchar: es un ambiente demasiado ansioso y violento, no tan productivo como me gustaría que fuera. Nuestro activismo, de hecho, está en lo que nosotros hacemos a diario.

CY cuando las grandes empresas o los políticos vienen a vernos, no ocultamos nuestras opiniones. Hablamos con franqueza, con respeto, pero dialogamos. El otro día di una conferencia frente a uno de los mayores fondos de inversión del mundo. Yo, el pequeño horticultor bio que soy, tímido por naturaleza, no me sentía cómodo en esa enorme sala llena de encorbatados elegantes. No estaba del todo seguro de mí mismo, no sabía qué tono utilizar. Elegí ser sincero, y dar testimonio de nuestra experiencia, hablar con ellos como padre de familia. Les dije: «Si siguen invirtiendo en combustibles fósiles, sus hijos los maldecirán; si invierten en energías renovables, sus hijos los bendecirán». No había previsto decir esto, me salió con sinceridad. Y hablé del colapso, de la necesidad de cambiar de rumbo. Obtuve muchas buenas reacciones de esta conferencia. No sé si tuvo algún impacto, pero si hubiera rechazado la invitación diciendo que eran unas porquerías, creo que habría sido menos constructivo.


P • Siempre lo hemos hecho así. A veces nos negamos, porque no es apropiado, porque no estamos en sintonía. Pero, con otras personas, cuando sentimos que podemos ir, vamos. Puedes hacer que la gente cambie interiormente con acciones como ésta.


C Hay algo que me ha sorprendido en mi vida, para continuar con lo que dice Perrine: cuando pensamos en lo que era Fleur de Lampaul, nuestra vuelta al mundo en barco, ¡fue una locura! Llevábamos a jóvenes adolescentes corriendo por los mares, compartiendo la vida de «salvajes» vestidos con un minúsculo taparrabos; íbamos a disparar con arco en una piragua en vez de llevarlos a su escolaridad obligatoria. Y, para mi asombro, como se trataba de hacerlo seriamente y de beneficiar a los demás, ¡fuimos patrocinados por siete ministerios! ¡Tuvimos la aprobación de la Educación Nacional, que incluso nos asignó un maestro durante cinco años! Hubo una verdadera aceptación por parte de las instituciones de este proyecto loco, y duró 22 años. Con la granja, comenzamos a hacer una agricultura totalmente desfasada, muy impertinente, porque afirmamos que hay que hacer pequeño y sin maquinismo, etc. Además, ¡nos inspiramos en los países del Sur! Y nos ha sorprendido la buena acogida del mundo agrícola.



Y ¿No hubo ninguna crítica?


C • ¡Sí! Pero, hace dos años, los ministerios y las instituciones de la agricultura orgánica nos decían que el 80% de las creaciones de granjas hortícolas en Francia se reivindicaban de este modelo de microgranja permacultural. Se puede estar desfasado de los valores dominantes, rechazarlos, proponer una alternativa, y al mismo tiempo seguir siendo audibles por nuestras instituciones. Mi doble experiencia como marinero educador y luego como campesino, me permite entrever —después de 40 años de práctica— que cuando se proponen alternativas, con respeto hacia los demás, y que tienen sinceramente como objetivo servir al interés general, hay una capacidad de escucha de nuestras instituciones que es mayor de lo que creemos.


P • Socialmente, también estamos en un momento en el que podemos ser escuchados. Cuando empezamos, estábamos —hay que admitirlo— un poco locos, un poco diferentes; lo que atraía mucho era nuestro recorrido personal. Hoy eso ha cambiado: desde hace cuatro o cinco años, el significado dado a las pequeñas instalaciones de horticultura y a las microgranjas está adquiriendo importancia. Hace dos años, Gauthier y yo fuimos al Ministerio del Medio Ambiente, y después de nuestra presentación nos dijeron: «bueno, administrativamente, ¿qué necesitan?» ¡Realmente quieren que esto funcione[?]!



YUstedes actúan en la parte práctica, pero han hecho también un trabajo conceptual y teórico importante, y no hay que negarlo. Tienen la práctica y la teoría, ustedes están en el «Y», Tienen la parte científica sólida Y la parte espiritual, porque están revisando su relación con el mundo. Hay innovación Y transmisión. No eligen: toman las dos opciones, y ése es su fuerte.


P • Hay un compromiso carnal, físico, sensorial. Creo que el compromiso corporal en toda esta historia no es trivial; nuestra sociedad no lo comprende totalmente. Puedes ser muy espiritual y meditar cada mañana, no sé si puedes grabarte físicamente las reacciones de la naturaleza. Hoy, cuando bajamos a los jardines —compruebo esta historia de las 10.000 horas necesarias para que un cerebro se impregne—, en un segundo, sabemos, vemos, entendemos lo que está pasando, las plantas, etc. Y cuando veo a los alumnos que llegan, ellos aún no han entrado en esa visión, porque sólo tienen los ojos, todavía no tienen todos los sentidos despiertos.


El planeta, ¿por qué no lo estamos protegiendo hoy? ¡Porque no lo vivimos con nuestros sentidos! Lo vivimos intelectualmente, tenemos todos los datos sobre el clima, etc., pero carnalmente, lo hemos perdido. Nuestros ancestros lo tenían dentro fuertemente, y eso es lo que aún me provoca, es muy dinámico, es algo que viene de lejos. Los visitantes lo dicen con sus palabras; se van con la belleza en los ojos diciendo: «es un paraíso», etc. Cuando salen de allí, ya no son los mismos.


C • Un día, alguien me dijo: «entré en los jardines, y fue un choque energético tal que tardé dos días en recuperarme». Se ve que el impacto sobre los visitantes se refuerza, conectarse a la naturaleza es un choque estético y energético profundo. Me gusta la frase de Bill Mollison y David Holmgren —los fundadores de la permacultura— en uno de sus primeros libros. Decían: «¿ustedes dirán que estamos tratando de recrear el jardín del edén? ¿Y, por qué no? » ¡Nosotros lo asumimos totalmente! Toda mi vida he buscado esto: una especie de ósmosis profunda con la naturaleza. Cuando iba a nadar con las ballenas, eso era lo que estaba buscando. Y no es sólo una relación de empatía con la naturaleza: es toda la faceta humana, es una búsqueda de empatía con nuestros hermanos y hermanas humanos. Aunque una formación propone una temática estrictamente agrícola —como la horticultura orgánica—, la gente se siente conmovida por este ambiente particular. Al final de la formación, mucha gente llora, y sin embargo, ¡no era una formación de desarrollo personal! Creo que todos necesitamos esto…

Y Es justamente eso a lo que me refería cuando yo hablaba de espiritual: es una búsqueda de sentido, de conexión, de armonía, de emociones, etc.


C • Sí, así es. Bueno, yo tengo mi propia vida espiritual, y este es mi jardín secreto. Pero en las visitas de grupo, a menudo termino diciendo que hay una dimensión espiritual, porque tratamos de cuidar lo vivo, de ir en el sentido de la vida, de cultivar nuestras plantas con amor. Buscamos la belleza, tratamos de relacionarnos. Y estos son los fundamentos de todas las espiritualidades. Está la técnica agrícola, pero también hay otras dimensiones.



Y • Me gustaría que nos expliquen, en pocas palabras, el árbol y el oficio de silvicultor, que es un tema fundamental.


C • Cuando descubrimos el concepto de Food forest o Edible forest [Bosque de Alimentos], quedamos desconcertados, en shock. Tenia más efectos positivos que los cultivos de plantas anuales, desde el punto de vista ecológico. Se veían todas las ventajas: no hay insumos, no se trabaja el suelo, no hay riego, es un pozo de carbono, un refugio para la biodiversidad, etc. Y hemos estado pensando en los intereses económicos también, porque producir verduras es muy difícil: hay que estar allí siete días a la semana, y se requiere mucha dedicación. Mientras que las frutas, las plantas aromáticas, crecen solas, con un alto valor económico. Así que buscamos algo nuevo, una especie de bosque-jardín orientado al rendimiento económico, algo más fácil que un huerto. Hemos adoptado los dos conceptos el del bosque–jardín clásico y de la microagricultura biointensiva, un mini–bosque–jardín muy cuidado, diseñado para la productividad. Y da resultados económicos asombrosos, mucho más que la horticultura, ¡y con menos horas de trabajo! Pensamos que si esta forma de ecocultura se extendiera, podría dar lugar a un nuevo oficio. Y el nombre vino solo: Silvanero: el jardinero del bosque.



Y • Este oficio no pretende sustituir a otro, sino que más bien abre una nueva vía.


C • Sí, y está relacionado con nuestras costumbres alimentarias. Si queremos salvar este planeta, tenemos que diversificar nuestra comida: necesitamos menos carne y cereales, más verduras, frutas y frutos, frutos secos, etc. En fin, lo que comíamos durante nuestra larga evolución prehistórica. Y luego pensamos en otros tipos de bosques, como el bosque comestible que se desarrollaría en amplia escala; aquí es donde realmente hay buenas ideas para suavizar el colapso. Gracias a los conceptos de la permacultura y de la ecocultura, se puede aumentar considerablemente la biocapacidad de un territorio, es decir, su capacidad de producir biomasa, como sucede aquí. Si puedes producir más en menos superficie, liberas mucho espacio para otros usos: animales, estanques, prados, setos, bosques-jardín, etc.


Si esto se hiciera a gran escala, podríamos potencialmente liberar varios millones de hectáreas. ¿Y para hacer qué? Prioritariamente, para reforestar los bosques y hacerlos comestibles, con una gran parte dedicada a los árboles de vivero, como los castaños, los nogales, los avellanos… árboles de alto potencial comestible, con animales en semilibertad, hongos, etc.


Si tuviéramos un millón de hectáreas de bosques comestibles, podríamos criar un animal por hectárea, y así cerrar un buen número de haciendas de ganadería intensiva y de cultivos de soya que destruyen la selva amazónica. Y además, podría dar madera para construir, energía, plantas medicinales, materiales para artesanías... Eso sugiere una forma completamente diferente de vivir en nuestro medio de vida. Nuestro territorio se convertiría en un «pozo de carbono», un oasis de biodiversidad. Es mi visión del «ampliar»: se cultivan muy intensamente las parcelas mejor adaptadas, y se liberan partes enteras de territorio, pero de manera que una parte produzca recursos comestibles o útiles para los seres humanos.


Creo que la microgranja puede ser un excelente salvavidas en caso de colapso. Sin embargo, recientemente me di cuenta de que una microgranja aislada resistirá un poco más, pero será arrasada como las otras. Por lo tanto, es necesario un cambio de escala, una red de microgranjas, e incluso biorregiones enteras, que se restauren poco a poco. Y a fuerza de crear pequeñas zonas en una región, al cabo de un tiempo habría una vuelco de las normas establecidas; y, ¿por qué no?, un efecto de imitación en las demás regiones. Si la gente ve que funciona, se preguntarían: «¿por qué no?». No hay que rendirse; muchos de nosotros nos hemos dado cuenta colectivamente de que realmente podemos cambiar las cosas; soy consciente de las amenazas, pero también de las posibilidades, y creo en ellas.


P • Sí, y creo que estas iniciativas son aún más fuertes en cuanto estén apoyadas por una voluntad política. Si la iniciativa es sólo político–política, sigue siendo débil. Pero si la política se encuentra con un movimiento ciudadano, la iniciativa puede realmente crecer, porque los medios están ahí. Existen posibilidades de subsidios, y luego de un cierto reconocimiento. La escala de una región es un poco grande; la medida justa sería empezar en ciudades de 1000 a 1500 habitantes, y así encender la mecha. Hay que empezar con pequeños municipios y luego implementar el movimiento en los pueblos. Realmente se puede actuar a pequeña escala en la producción de energía, la alimentación, etc., y luego declinar este modelo en todas partes. Hay que respetar los principios de la permacultura, es decir, trabajar en pequeño, siempre pequeño... Si se trabaja en grande desde un principio, es complicado.



Y• Ustedes conocen bien los dos primeros principios éticos de la permacultura: cuidar de la Tierra, cuidar de los seres humanos. ¿Ustedes se cuidan lo suficiente?


P • No nos cuidamos lo suficiente, no. Nos arrepentimos por todos estos años; aspirábamos a que las cosas cambiaran, y estar más atentos de nuestros hijos. Me habría gustado disminuir el ritmo, tomar las cosas más despacio. Siento mucho placer en levantarme a las 5 de la mañana, pero hay tantas reflexiones, acciones, etc., que es difícil detenerse. Al principio, nos enfrentamos a la intensidad debido al temor económico, y luego al engranaje de la necesidad de probar esta hipótesis científica, y hoy me siento acorralada, obligada a avanzar para no perder la credibilidad de todo lo que hemos construido. Puede que yo también haya sufrido un poco las críticas, que son mucho menos que los estímulos, pero para mí sigue siendo muy complicado de manejar, especialmente cuando ellas no tienen fundamento... Por lo tanto, el principio de permacultura «cuidar de los seres humanos», se ha descuidado.


C • Perrine y yo no hemos disminuido el ritmo, ni ella ni yo. La gente en los blogs nos ataca, pero no se dan cuenta. Nosotros lo hemos dado todo, hasta llegar al límite de nuestras fuerzas.



Y • Tú dices «al límite de nuestras fuerzas»... He encontrado varias personas en esta actividad que hacen parte de las personas más conscientes y afectadas por esta cuestión del colapso, y es como si no pudiéramos evitar «quemarnos» antes… ¿Cómo hacemos para no colapsar antes del colapso?


C • Confieso que no tengo la respuesta; aquí es donde la espiritualidad puede jugar un papel fuerte. Pero, en cuanto a mí se refiere, hace algunos años me dije: «¡un año más como éste, y muero!». He tenido problemas de salud bastante graves; sin mencionar que no rejuvenecemos... escribir este manual —1048 páginas—, además de todo lo demás, ¡ha llevado mi vida al límite! Lo que me ha dado fuerza es saber que hay gente que sufre mucho más que yo, especialmente en el Sur, y que, si mi trabajo puede dar frutos, me siento obligado a continuar.


Es como cuando, como marinero, haces una travesía difícil. Una vez, recuerdo haber cruzado el Atlántico, y de 30 días, ¡29 fueron muy complicados! Y ahora, hay que aguantar... Pero ya sabes, los dos somos muy tenaces. [Risas; luego silencio].


Tal vez yo sea masoquista, pero siempre ha habido gente que se ha resistido a sistemas injustos y mortíferos. Por ejemplo, una joven de mi familia fue asesinada en la resistencia (durante la guerra), y su madre y su hermana integraron la resistencia; ellas corrían el riesgo de la tortura y la muerte. O como esas familias yazidíes que luchaban contra el ISIS [Estado Islámico, grupo terrorista paramilitar insurgente]. Y yo pienso: ¿qué hemos vivido nosotros?; ¿un poco de cansancio, de agotamiento moral? Cuando veo el impacto que podríamos tener en las generaciones venideras, me digo a mí mismo que prefiero continuar. Me tomé cinco días de vacaciones en dos años, pero tengo la facilidad de recuperarme bastante rápido. Además, los jardines me alimentan; todavía no estoy completamente impedido y deseo continuar.



Y• ¿Tienen un mensaje final para los lectores de Yggdrasil?


C • Creo profundamente que un colapso puede ser una oportunidad. Para mí, la especie humana no está desapareciendo, sino apareciendo; es la primera vez que tenemos una visión global de nuestro planeta; nuestro tiempo tiene aspectos desagradables, pero también geniales. Durante mucho tiempo negué la modernidad... estaba fascinado por los pueblos primitivos. Y ahora lo asumo totalmente: estoy feliz de vivir en el 2019, y me digo a mí mismo que es una época genial. Los progresos obtenidos en cuanto a los conocimientos explotan totalmente: permaneciendo en la granja, uno es capaz de tener acceso a casi todos los conocimientos de la humanidad, de hoy, de los tiempos pasados, de las otras civilizaciones. Todo esto puede alimentar un progreso de las consciencias. ¿La consciencia de qué?: básicamente, de que tenemos un solo planeta; hay límites, es un pequeño jardín perdido en las estrellas; si lo destrozamos, no tendremos otros. Apenas nos estamos abriendo a esta conciencia esencial: ¡la idea de que el planeta tiene límites es totalmente nueva!


Tuve una toma de consciencia básica —ustedes se reirán, pero tardé mucho en tenerla—, y fue que, dentro de los estrechos límites de este planeta, hay algo que puede crecer, y es lo que está vivo: una pequeña semilla puede dar un árbol enorme que vivirá mil años. Mi convicción es que, si queremos sobrevivir, debemos darnos cuenta de que lo más valioso es la vida; tenemos algo en común, y todas las formas de vida son valiosas; la naturaleza es genial, y estar vivo en el planeta Tierra es un regalo, un honor.



Libro: Obra titánica (más de 1000 páginas) que recapitula el conjunto de teorías y prácticas desarrolladas en la Granja del Bec Hellouin desde hace 15 años: historia, filosofía, conceptos, técnicas, herramientas, métodos de cultura, etc. Muy bien ilustrado con dibujos, gráficos, tablas, fotos. Llenará de satisfacción tanto a los horticultores ansiosos de lucha, como a los científicos o a los curiosos. ¡Indispensable!


Perrine & Charles Hervé–Gruyer. Vivre avec

la Terre: manuel des jardiniers-maraîchers.

Permaculture, écoculture, microfermes [Viviendo con la Tierra: manual de jardineros–horticultores. Permacultura, ecocultura, microgranjas]. Editorial Actes Sud/Ferme du Bec Hellouin, 2019, tres volúmenes: 304, 448 y 296 páginas. Peso: 5 kg (!)


Libro: Publicado hace cinco años, este libro narra la historia de la pareja y de la granja, desde sus primeros fracasos (agricultura orgánica clásica) hasta el descubrimiento de la permacultura y de la microagricultura biointensiva en 2007. Los autores entregan con pasión su visión de un futuro resiliente, donde horticultores y silvaneros construyen una densa red de microgranjas para hacer frente a los colapsos que se anuncian. ¿Su lema?: «¡si quieres producir más, hay que reducir las superficies!».


Perrine & Charles Hervé–Gruyer. Permacultura: Guérir la Terre, nourrir les hommes [Sanar la Tierra, alimentar a los hombres]. Editorial Actes Sud, 2014, 367 páginas.




Y • Gracias. Queríamos terminar diciendo que los queremos, y que nos han marcado profundamente. Han hecho un trabajo extraordinario, increíble, magnífico, inspirador. Ustedes dan, ustedes dan, ustedes dan, y nosotros queremos decir gracias, gracias, ¡gracias!


P • Gracias, nos hace bien.